Yasna Provoste: Inversión extranjera para el nuevo Chile.

Columna de Yasna Provoste, Presidenta del Senado.

La complejidad creciente de las relaciones entre las personas, entre éstas con los Estados, entre los propios Estados y en los foros internacionales, se ha visto agudizada por la pandemia y ha hecho evidente la injerencia -muchas veces desequilibrante- del poder económico por sobre el poder político.

A esto se agregan fenómenos como el deterioro del medio ambiente, la globalización, el desarrollo de las telecomunicaciones y el deterioro social marcado por vulneraciones de los derechos fundamentales y crecientes desigualdades que afectan la paz social y la gobernanza de los países. Son todos estos factores en la dinámica del acontecer actual, que hacen imposible prescindir de sus causas y de sus consecuencias, las primeras, cargadas de interrogantes y, las segundas, llenas de incertidumbre respecto del futuro y de sus proyecciones.

Es dentro de este cuadro que me asomo a mirar la inversión extranjera en nuestro país, cuyo principal interés ha sido y sigue siendo la explotación de los recursos naturales que existen en abundancia. Sea porque escasean en el mundo más desarrollado del cual provienen los inversionistas, sea porque su explotación resulta mucho menos costosa, lo cierto es que el foco en nuestros recursos naturales tiene relación con las condiciones naturales del país y regulaciones medioambientales, laborales y tributarias que eventualmente han resultado menos exigentes y, por eso, ampliamente favorables.

Sabemos la importancia que tiene la inversión extranjera. Sin embargo, ésta como toda inversión, deberá ir sometiéndose a regulaciones más estrictas en las materias señaladas a fin de, por una parte, normalizar condiciones de estabilidad social y política que aseguren sustentabilidad a las propias inversiones y, por la otra, mejores condiciones de vida de las personas y de las comunidades más próximas a los centros productivos. Asimismo, esperamos crear los instrumentos idóneos para que las inversiones en actividades extractivas, principalmente, en la minería metálica y no metálica vayan acompañadas del desarrollo de industrias derivadas de aquéllas, sobre todo teniendo en cuenta las ventajas de la producción de energías limpias que el país está impulsando.

Ya lo plantearon hace décadas los economistas estructuralistas de la CEPAL: No podemos entender el desarrollo del país sino desde su inserción en la economía mundial. Esto quiere decir, promover una inversión extranjera que colabore al país en la superación de las debilidades de nuestra economía y de las escandalosas brechas y desigualdades que persisten en nuestra sociedad. Del mismo modo, debemos promover nuevos mecanismos para que la inversión extranjera favorezca efectivamente el desarrollo inclusivo y sustentable.

Dicho lo anterior, me atrevo a señalar que las condiciones de la Inversión Extranjera Directa para favorecer el desarrollo de Chile deben alinearse con el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sustentable emanados de las Naciones Unidas. Dichos objetivos no significan simplemente poner recursos en sectores clave, también es preciso, por ejemplo, que las operaciones de las empresas que invierten en Chile estén permeadas de arriba a abajo con el compromiso de cuidar del medio ambiente, asegurar la equidad de género y promover condiciones dignas de trabajo. Esto requiere revisar tratados bilaterales de inversión[1] con otros países, ya que, como dice la UNCTAD, la mayoría son previos a los Objetivos de Desarrollo Sustentable y deben modernizarse (UNCTAD 2020, p. XVI).[2]

Adicionalmente no debemos olvidar que el progreso científico y tecnológico es uno de los pilares fundamentales del desarrollo económico y social. En este sentido, el país no puede tener una actitud pasiva frente a la inversión extranjera, sino que debe incentivar que dicha inversión también implique transferencia y diseminación tecnológica. No existe una fórmula infalible para ello, pero la experiencia histórica entrega un abanico de posibilidades. Se pueden establecer requisitos e incentivos de contenido local para que las empresas extranjeras usen proveedores de tecnología local o contraten personal cualificado e investigadores del país.[3] Hay ejemplos de éxito en otros países que han fijado requisitos de contenido local en un sector clave. Sin eludir compromisos internacionales, Chile debe avanzar en este sentido, por ejemplo, no podemos dejar de exigir que el desarrollo de las energías renovables conlleve el uso de nuevas tecnologías y la contratación de mano de obra cualificada (UNCTAD 2014b, p. 24-26).

Por último, desde esta perspectiva, es preciso considerar que el Estado debe promover la cooperación entre las empresas extranjeras que invierten en Chile y las instituciones de investigación locales, especialmente las universidades. Debemos asegurar que la formación de las trabajadoras, trabajadores y profesionales sea la adecuada para absorber y diseminar de la mejor manera posible la tecnología introducida por la inversión extranjera. Resulta crucial que, como fruto de políticas públicas idóneas, reduzcamos como país la dependencia tecnológica.

Es clave para Chile fijar nuevos marcos de colaboración con los inversionistas extranjeros que posibiliten que ellos sean un aporte concreto al desarrollo de todos estos objetivos nacionales.

 

[1] Los tratados bilaterales de inversión son una de las herramientas principales que establecen el marco regulatorio para la inversión extranjera.

[2] Se puede ver una lista de los tratados bilaterales de inversión de Chile y su fecha en https://investmentpolicy.unctad.org/international-investment-agreements/countries/41/chile

[3] Los requisitos de contenido local son condiciones de desempeño o incentivos que pueden ser más o menos rígidas y más o menos o explícitas para que las empresas extranjeras compren insumos fabricados en el país, contraten personal local, etc. Cabe aclarar que el tema de los requisitos de contenido local tiene implicaciones respecto a los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio (OMC), ya que existen restricciones porque se pueden considerar medidas proteccionistas. Es una medida compleja desde ese punto de vista pero que se utiliza en países desarrollados y en desarrollo.





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