Mineros y mineras de la sal: un oficio ancestral.

¿Qué tiene que ver la minería con la sal? Alguna relación habrá si llamamos mineros de la sal a quienes la trabajan. ¿Similitudes en las formas de producir? ¿Tradición? ¿El trabajo a chuzo y pala? ¿La vinculación con el medio ambiente y los recursos naturales? Podríamos encontrar muchas similitudes, pero lo que más hay, es historia.

Cuando pensamos en ‘los mineros’ probablemente lo relacionamos de inmediato con el oficio de extracción de minerales bajo tierra, además de “los 33”. Y en eso, podríamos decir que el cobre, litio y oro, son los principales minerales que vinculamos con este oficio, pero ¿la sal? No, eso está en el mar, la mesa o la cocina, pero no en la minería dirán algunas personas. Sin embargo, el trabajo salinero es también una labor de extracción de minerales, puede que no bajo tierra, pero extracción al fin y al cabo, no por nada quienes se encargan de este oficio son llamados “mineros y mineras de la sal”. 

La historia de esta ocupación  comienza igual a la de la extracción del oro y el cobre: con las y los indígenas que habitaban el país en los tiempos prehispánicos. Como en muchas otras cosas, fueron ellos los primeros en trabajar la sal, principalmente en la VI Región, zona reconocida por la tradición salinera.

Los promaucaes de la costa, como llamaban Los Incas a los indígenas de la VI Región, habitada por diaguitas y mapuches, trabajaban la sal de forma sencilla, proceso que llamaban “secar el mar”. Y si bien, esta labor ha variado con el paso del tiempo, lo que ha permitido mejorar la técnica, maquinaria y el sistema de producción, el carácter simple y artesanal se ha mantenido como un valor identitario de este quehacer, traspasandose de generación en generación. 

“Se vende sal de mar y artesana” 

Cuando hay mareas altas y aumenta el nivel del agua, la costa en Cahuil, Barrancas y la Villa de Pichilemu queda con una costra blanca, conocida como sal. Sin químicos de por medio y a pies descalzos, las y los mineros de la sal trabajan el agua de mar y extraen este mineral. Es un proceso artesanal y natural, que generalmente dura seis meses, mientras que la cosecha se realiza en 30 días. 

En las zonas donde se produce la sal se construyó un sistema de esclusas, obras hidráulicas diseñadas para dominar los desniveles del terreno y permitir repartir el agua de mar -en este caso- en áreas pantanosas, comúnmente llamadas “marismas”, que por su características naturales y geológicas permiten concentrar la sal. En estas, se construyó una red de cuarteles, de aproximadamente 20 metros cuadrados cada uno, donde el agua salada se decanta hasta evaporarse completamente y dejar aquella costra de sal, que luego es extraída por las y los trabajadores. 

Tal como se mencionó anteriormente, el proceso es similar al que realizaban las y los indígenas, el que se inicia en septiembre u octubre, momento en que las lluvias de invierno desaparecen, baja el nivel del mar y los salineros pueden limpiar los cuarteles y dejar entrar el agua salada. Luego de esto, el proceso toma varios meses donde se espera la decantación y evaporación del agua bajo la luz solar.  Con eso listo, las y los mineros de la sal comienzan a rescatar el mineral, a pala y fuerza.

Minería y Sociedad
Imagen de Diario el Pulso.

El futuro de la sal

Como todo lo que tiene que ver con los recursos naturales, es la misma naturaleza la que determina los procesos, pese al esfuerzo humano. Las lluvias, el viento, el sol, las temperaturas y marejadas, se escapan de lo que las personas pueden controlar. Sin embargo, la implementación de nuevas tecnologías o herramientas en algunas partes del proceso de producción de sal, ayuda a que esa dependencia con los tiempos de la naturaleza, no sea tan determinante. 

Ahora bien, no es precisamente el factor naturaleza lo que hoy complica a las familias que por décadas han trabajado en la producción de sal, siendo esto el principal, y muchas veces el único, sustento para ellos. Por un lado los problemas en la comercialización de este producto, que compite con las grandes empresas, hace difícil pensar en el futuro de las salineras, pero por otro lado, la mayor preocupación está en que las y los jóvenes están buscando oportunidades laborales fuera de la tradición familiar. El gran miedo de quienes llevan toda una vida en las salineras, es que la historia se pierda. 

Historia que por lo demás, está en deuda con las mujeres. Quienes al igual que los hombres han sido parte de este oficio de generación en generación. Sin embargo, no han sido totalmente reconocidas como mineras de la sal. Y eso que comparten labores con los hombres, cambian el agua de los cuarteles, sacan la sal, la envasan y la venden. 

De todas formas y con ánimos de proteger la historia, se han hecho esfuerzos estatales para que la tradición continúe en el tiempo. Durante el 2011 el Estado de Chile reconoció a un grupo de trabajadores organizados en la Cooperativa Campesina de Salineros Cahuil, Barrancas y la Villa, como Tesoros Humanos Vivos. Reconociendo así, no solo el aporte que hacen a la zona en términos de producción, sino también por ser un ejemplo de cooperación sustentable entre el ser humano y la naturaleza. 

Además de aquel título, durante el 2013 el Ministerio de Minería y la Corfo, compró varias máquinas para reactivar el oficio que se vio fuertemente afectado por el terremoto del 2010. Esto permitió crear una planta procesadora de sal de mar en la VI Región. Sumado a esto, durante los últimos años se le han entregado diferentes tipos de aportes monetarios -adjudicados a través de proyectos- a las asociaciones salineras de la zona. Lo que da cuenta de que hay un interés que trasciende a las y los trabajadores de la sal, para mantener este oficio y su historia viva.





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