Si algo hay que eliminar en minería, son los gases efecto invernadero.

Actualmente hay varios proyectos que buscan reducir la huella de carbono y Gases Efecto Invernadero (GEI), sumado a legislaciones y regulaciones, nacionales e internacionales, que obligan a las empresas a implementar estrategias de desarrollo en esta línea, de lo contrario las condiciones para continuar operando disminuyen considerablemente. Ahora bien, ¿qué implica en la minería adoptar estas nuevas formas de producción? ¿Qué efectos tiene en el ambiente?

Parece paradójico, pero muchas veces las cosas más obvias son las que pasamos por alto con mayor facilidad. Sobre todo en estos tiempos en que estamos expuestos a un bombardeo de información que no descansa ni un minuto. Y en temas relacionados a la sostenibilidad y protección a los diferentes ecosistemas, podemos encontrar cientos de puntos críticos, preocupaciones, exigencias y conductas a modificar. Porque todo es urgente si se trata del medio ambiente. Nos preocupan los glaciares, los recursos naturales, el agua, los animales, la contaminación, el plástico, etc. Y entre todo eso, a veces se nos pasa algo fundamental: los Gases Efecto Invernadero (GEI).  

Estos gases son los principales responsables del calentamiento global, es decir, del aumento de la temperatura del sistema climático de la Tierra. Por lo tanto, si nos preocupan los glaciares, el agua, los recursos naturales, es fundamental hacerse cargo de la emisión de los GEI. 

Si nos vamos a las cifras entregadas por la Agenda de Desarrollo Sostenible de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), vemos que el dióxido de carbono es el 53% de las causas del calentamiento global. ¿Cómo se emiten estos gases? A partir del uso de combustibles, la producción de cementos y la deforestación, entre otras cosas. Y el 80% de ellos, quedan en la atmósfera durante 200 años aproximadamente. 

Por otro lado, el metano es otro de los gases que mayor inciden en el calentamiento global (15%), provocados principalmente por la ganadería, la agricultura, el tratamiento de aguas residuales, la distribución de gas natural y petróleo, la minería del carbón, entre otras cosas. Y permanecen en la atmósfera durante  aproximadamente  12 años. 

Es tan importante contrarrestar el aumento de los gases en la atmósfera para asegurar la vida en la Tierra y la estabilidad de los ecosistemas, que en la COP16 realizada el 2010, se definió que “los países en desarrollo deberán presentar a la Convención informes bienales de actualización, que contengan información actualizada sobre los Inventarios Nacionales de Gases Efecto Invernadero (INGEI)”. Esta normativa internacional implica que anualmente todos los sectores económicos y productivos del país informen sobre la emisión de GEI anual. Para así ir tomando medidas que permitan disminuir las cifras y adaptarse a los objetivos mundiales en esta materia. 

Minería 2030

Según el Inventario del 2016, en Chile, la minería del cobre generó cerca del 18,7% de los gases de efecto invernadero del país. Esto, según ha explicado Gustavo Lagos en diferentes instancias, se debe principalmente a la combustión de materiales fósiles, el carbón y otros materiales, en plantas termoeléctricas, además de la utilización de petróleo y gasolina en motores de vehículos de transporte. 

Información que se complementa por los datos que entregó la Asociación Internacional del Cobre (ICA) en 2017, donde se ve que los gases emitidos por la generación de electricidad representa el 54% de las emisiones del sector, seguido por un 25% de los combustibles, un 5% proveniente del uso de ácido sulfúrico y un 16% de otros componentes, entre los que se encuentran los explosivos. 

Sin duda que la emisión de GEI en minería depende principalmente de la matriz eléctrica en base a combustibles fósiles. Por lo tanto, tal como menciona Lagos, crear fuentes de energía renovable es una estrategia fundamental para reducir las emisiones de GEI en la minería. 

Pero esto no es suficiente, la Transición verde, como se suele llamar en las empresas, es fundamental para disminuir la huella de carbono y la emisión de gases efecto invernadero, donde la descarbonización de todos los sectores de la economía nacional es una de las prioridades a nivel estatal. Lograr la neutralidad de carbono para el 2050 es el gran desafío. 

Los diferentes objetivos que se han ido trazando bajo la línea de una Transición Verde, han sido adoptados por el Ministerio de Minería y llevado a cabos por distintas empresas del sector. Principalmente porque para lograr el incremento de energías verdes y renovables, el desarrollo de la minería es fundamental. Por lo que, potenciar la minería como un motor de desarrollo sostenible, no solo se plantea como un sueño, sino también como una necesidad. 

Minería 2030

El que hoy las empresas adopten criterios medioambientales en la toma de decisiones, no solo responde a una demanda social y comunitaria, además de un cambio en las perspectivas en torno al desarrollo, también representa una necesidad para proyectar el futuro del sector. Puesto que, las consecuencias del calentamiento global y cambio climático no son ajenas a la minería. El peligro de aluviones que puedan impactar en la infraestructura e incrementar riesgos físicos y de salud en los trabajadores, la disminución de los recursos hídricos afecta -indirectamente- la disponibilidad de energía, entre otras cosas, son consecuencias  que pueden llegar a afectar la productividad y continuidad operacional de la industria. 

Lo bueno es que soluciones hay, sobre todo cuando la riqueza geográfica del país es tan grande como en el caso de Chile. Por ejemplo, la alta producción de hidrógeno verde  gracias a las maravillas del norte chileno, ofrecen diferentes oportunidades para la minería en materia de mitigación de impactos y emisión de CO2, de la misma forma la desalinización del agua puede ofrecer oportunidades para que la minería se transforme en el motor del desarrollo sostenible en el país. 

 





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